
La transición energética dejó de ser un tema futuro para convertirse en una conversación urgente dentro del sector marítimo-portuario. Hoy los puertos no solo deben mover carga con eficiencia; también deben prepararse para operar en un entorno donde la sostenibilidad, la reducción de emisiones, la eficiencia energética y la incorporación de nuevas tecnologías serán parte de la competitividad.
Desde Maritime Policy Bureau, este tema lo hemos venido abordando desde distintos ángulos: formación especializada, conexión con experiencias internacionales, participación en redes globales, diálogo con actores del sector y construcción de capacidades para que los puertos de la región puedan tomar mejores decisiones.
El reciente curso de Transición Energética en Puertos, desarrollado en el marco de UNCTAD / TrainForTrade, permitió abrir una conversación técnica y estratégica sobre los retos que enfrentan los puertos. El programa plantea la transición energética como un proceso que requiere compromiso institucional, definición de objetivos, medición de huella de carbono, estructura de gobernanza, planificación e implementación.
Este enfoque es importante porque la transición energética no empieza únicamente con la compra de tecnología. Empieza con información, diagnóstico, medición, planificación y diálogo. Antes de decidir qué solución implementar, los puertos necesitan comprender su punto de partida, identificar sus fuentes de emisión, medir su huella de carbono y definir una hoja de ruta realista. El curso destacó que calcular la huella de carbono en un puerto implica considerar a distintas organizaciones de la comunidad portuaria, incluyendo autoridad portuaria, terminales, transporte marítimo, transporte terrestre y servicios técnico-náuticos.
También es necesario entender que los puertos son nodos estratégicos dentro de la cadena de suministro mundial y que tendrán un papel clave en cualquier modelo energético futuro. Aunque las emisiones portuarias pueden representar una proporción menor frente al conjunto del sistema energético global, los puertos tienen una función crítica como puntos de conexión entre transporte marítimo, logística terrestre, industria, energía y comercio internacional.
Aquí es donde la gestión del conocimiento se vuelve fundamental. La transición energética involucra autoridades portuarias, terminales, navieras, transportistas, operadores logísticos, proveedores de energía, comunidades, academia y organismos internacionales. Ningún actor puede avanzar solo. Se necesitan espacios de cooperación, intercambio de información y construcción de soluciones compartidas.
Esa es precisamente la lógica que conecta el trabajo de MPB, con UNCTAD/TrainForTrade, PortLeaders, IAPH y otros espacios internacionales de referencia.
Creemos que TrainForTrade aporta formación estructurada, metodología y estándares internacionales. Mientras que PortLeaders permite observar experiencias, modelos y soluciones aplicadas en otros entornos portuarios. No se trata únicamente de visitar puertos o conocer infraestructuras en otros países, sino de analizar cómo distintas regiones están enfrentando desafíos comunes: transición energética, digitalización, nuevos combustibles, eficiencia operativa, relación puerto-ciudad y sostenibilidad.
Programas e iniciativas internacionales, como los espacios técnicos promovidos por APEC, también son valiosos porque permiten mirar experiencias comparadas, entender qué soluciones están aplicando otros sistemas portuarios y analizar qué aprendizajes pueden adaptarse a América Latina.
A nivel global, IAPH ha colocado la sostenibilidad en el centro de la agenda portuaria a través de programas como el World Ports Sustainability Program —WPSP—, que visibiliza proyectos e iniciativas vinculadas con energía limpia, infraestructura resiliente, digitalización, seguridad, gobernanza y relación con la comunidad. El material de TrainForTrade también reconoce el papel del WPSP de IAPH en la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en los puertos, especialmente en áreas como energía limpia, infraestructura, producción responsable y acción climática.
Además, la transición energética requiere mirar las tecnologías disponibles con una perspectiva realista. Entre las alternativas abordadas se encuentran medidas de eficiencia, suministro eléctrico a buques en puerto, combustibles bajos en carbono, electrificación de terminales, uso de hidrógeno y producción de energía renovable. Sin embargo, cada solución exige análisis de viabilidad, inversión, regulación, seguridad operativa y talento humano preparado.
Por eso, el rol de MPB no está en repetir tendencias globales, sino en ayudar a traducirlas. América Latina necesita entender qué puede aplicar, cuándo puede hacerlo, con qué capacidades, bajo qué modelo de gobernanza y con qué nivel de inversión.
Las opiniones compartidas por participantes y actores del sector durante estos espacios confirman algo importante: existe interés en avanzar, pero también muchas preguntas. Hay conciencia de que la transición energética es relevante, pero también preocupación por los costos, la infraestructura eléctrica, la disponibilidad tecnológica, la regulación y la preparación del talento humano.
Durante el proceso formativo, una de las reflexiones más claras fue que la transición energética no empieza con la tecnología, sino con la planificación y la medición. Esta mirada permite entender que antes de hablar de inversiones, equipo o combustibles alternativos, los puertos necesitan conocer su punto de partida, identificar sus emisiones, revisar sus capacidades y definir objetivos alcanzables.
También se destacó que, para los puertos de la región, el reto está en aterrizar estos conceptos a sus capacidades reales, sin perder de vista las tendencias internacionales. Esto es especialmente importante para América Latina, donde los puertos tienen distintos niveles de desarrollo, modelos de gobernanza, capacidades financieras y marcos regulatorios.
Otra opinión recurrente fue que estos espacios ayudan a conectar la operación diaria con las decisiones estratégicas que el sector tendrá que tomar en los próximos años. La transición energética no puede quedar únicamente en el nivel técnico; debe llegar a las áreas directivas, comerciales, operativas, ambientales y de planificación.
Estas reflexiones muestran que la formación no termina en el aula. Se convierte en criterio, conversación y capacidad de análisis. Y ese es precisamente el valor de conectar programas como UNCTAD / TrainForTrade, experiencias como PortLeaders, espacios globales como IAPH / WPSP y la realidad de los puertos latinoamericanos.
Desde MPB Conecta, la transición energética se presenta como un ejemplo claro de nuestro enfoque: unir formación, experiencias internacionales, buenas prácticas globales, participación en redes técnicas y necesidades concretas de la región.
La transición energética no ocurrirá de un día para otro. Pero los puertos que empiecen hoy a formar capacidades, medir sus impactos, dialogar con sus comunidades, revisar experiencias internacionales y construir hojas de ruta estarán mejor preparados para liderar la próxima etapa del desarrollo portuario.
El valor de MPB está en conectar el conocimiento global con las decisiones que deben tomar los puertos de la región.